lunes, 12 de junio de 2017

La ordenanza



UNA MULTITUD se había reunido al pie de un par de edificios. No soy hombre de seguir los hábitos de las multitudes, pero me detuve y levanté la cabeza a imitación de mis congéneres. Un tipo, paraguas en mano, recorría sobre un alambre la distancia entre ambos edificios.
—¡Pobrecito! —exclamó una mujer a mi lado—. Ya llegó la policía.
—Sí, me temo que va a ir preso —dije.
—¿Ir preso?... ¡No! ¡Le van a cortar la cuerda!
—¿De qué está hablando usted?
—La ordenanza 9083, en su artículo 56, inciso C, dicta que: «Nadie usará los edificios para caminar sobre un alambre, so pena de cortársele, en pleno uso del mismo, el susodicho alambre».
—¡Eso es una locura!
—Así son nuestros concejales, caballero; siempre tan atentos a las necesidades de la comunidad. —Y levantando los brazos, agregó:— ¡Mire! ¡Qué rapidez cuando quieren!
Puse una mano en visera y observé que, efectivamente, uno de los policías se disponía a cortar el cable.
—¡Hay que hacer algo! —grité.
—¿Pero qué? —dijo la mujer mientras se persignaba.
Entonces la cuerda ganó el vacío y fue a parar, como un latigazo, sobre la cara del otro edificio; pero el hombre permaneció allí, flotando en el aire, riéndose de la autoridad, hasta que, tras hacernos una gentil reverencia, cerró el paraguas y se dejó caer lentamente hacia el cielo.
La multitud vitoreó al funambulista, yo invité a mi interlocutora a tomar un café, y, claro está, los concejales derogaron, aquel mismo día, la ordenanza 9083.

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8 comentarios:

Celia Carnovale dijo...

Me encantó Gabriel. Te pido permiso para que vuelva a brillar la actuación del funambulita en el programa Te Cuento. Cariños

Hola, me llamo Julio David dijo...

¿Un homenaje a Philippe Petit?

Como nos tienes acostumbrados, un texto fantástico-mágico-surreal de alto nivel.

Saludos y saludes.

Gabriel Bevilaqua dijo...

Por supuesto, Celia, el funambulista va a estar más que contento de actuar en tu programa ;)

Me gustaría decir que sí, Julio, pero en realidad no; aunque perfectamente lo hubiera podido ser.

Gracias a ambos por sus comentarios. Saludos funambulescos :)

Ángeles dijo...


Pero qué brutos son a veces los munícipes! :D
Y claro, por eso mismo no saben que algo tan prosaico como una ordenanza municipal no tiene nada que hacer frente a la magia.

Muy bonito, me ha encantado.

Sara dijo...

Ojalá ocurriera así en la vida real, y los funambulistas del mundo lo pudieran todo frente a las arbitrarias ordenanzas, sean del tipo que sean. ¿O acaso por ser "funanbulistas" "pueden" cambiar el mundo?

Me ha encantado este simbólico relato.

Besitos.

Gabriel Bevilaqua dijo...

Gracias, Ángeles. A veces es bueno, aunque sea sólo en la ficción, que la magia triunfe, ¿no?

Ciertamente, Sara. Es que hay cada ordenanza...

Saludos cordiales

José A. García dijo...

Un café siempre es un buen comienzo para la amistad, o para algo más.

Saludos.

J.

Gabriel Bevilaqua dijo...

Es el plus de la historia, José ;)

Saludos funambulescos

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